Mostrando entradas con la etiqueta Escenografia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Escenografia. Mostrar todas las entradas

sábado, 2 de octubre de 2021

Alice Darramon/Escenógrafa -1926-2007

El Arte es la búsqueda de la Belleza" A.D.


Alice nació en Buenos Aires en 1926. Sus padres fueron Emile Darramon y Marguerite Labarérè, ambos oriundos de los Pirineos franceses. En 1952 contrajo matrimonio con Tomás Joaquín Beitía con quien tuvo cuatro hijos: Pablo, María Clara, Juan José y Mercedes Carlota.


Desde su infancia realizó estudios de danza clásica y música, como intérprete de violín. Luego se formó en Bellas Artes en la Escuela Fernando Fader, completando sus estudios como escenógrafa con el maestro Rodolfo Franco en la Escuela Superior de Bellas Artes Ernesto de la Cárcova. En 1949 obtuvo la Beca al Mejor Egresado.


Desde muy joven se dedicó a la enseñanza de las artes plásticas en colegios públicos y privados, actividad que mantuvo durante toda su vida laboral.

Se desempeñó como escenógrafa, directora y autora teatral. Su labor como escenógrafa comenzó en 1950 con la creación de los decorados para la Troupe de Marionettes Adrian y para el Teatro libre Católico de Títeres. En 1951 trabajó para el Teatro Musical de Anne Marly en el IAM, colaborando con las ilustraciones del libro Chantez mes souvenirs. En el mismo año creó la coreografía para Un sombrero de paja de Italia para el Teatro Universitario de Arquitectura y las máscaras para Edipo Rey y Antígona; el guardián de la tumba y el Dragoncillo.

Diseñó escenografías para las puestas en escena del Teatro del Club Italiano. Diseñó el Telar y draperias para el colegio L'Assomption y el proyecto de escenario para el colegio San Francisco de Sales. En 1955 se incorporó al Teatro Fray Mocho para el cual realizó el diseño del dispositivo escénico para Los Disfrazados, el vestuario del El casamiento a la fuerza, la escenografía, el vestuario y la realización de los decorados de El descubrimiento del nuevo mundo, las máscaras de Los animales enfermos de la peste, la escenografía y el vestuario de La peste viene de Melos, Una noche tormentosa y La Giorgia. En el TGSM diseñó las máscaras para Romeo y Julieta, la utilería y máscaras de Una corona para Sansón y el vestuario para L'Inganno Felice. Para el Teatro Municipal Presidente Alvear diseñó la escenografía y el vestuario para Procedura Penale, y para el Teatro Colón, Las Guerras Picrocholinas. Sus máscaras realizadas para diversos espectáculos suman más de 3000.


A fines de la década de los 50´fue convocada por los padres jesuitas por su trayectoria para enriquecer el nivel artístico de la Comedia Universitaria del Salvador. Para dar respuesta  creó unos cursos sobre escenografía para capacitar a sus integrantes. Los contenidos se enfocaron en la formación  artística, la plástica escénica; recursos técnicos y  proyectuales; la evolución del espacio escénico;  y la puesta en escena. En 1960 los cursos se transformaron en una carrera que dio lugar a la creación del Departamento de Escenografía.  Siendo ella su Directora,  creó una metodología básica con un sistema de evaluación por conceptos, que permite enfocar el aprendizaje en logros transversales a todas las asignaturas de formación artística práctica y teórico práctica. 


En 1963 creó el Teatro de Ensayo, para el cual compuso una serie de espectáculos en los que articulaba diversos lenguajes: música, poesía, danza, coreografía, interpretación actoral, plástica e iluminación. Entre ellos figuran  “Canto a la Creación”, “La máquina”, “Canto a la Doctrina”, “Balcones”, “Elogio a la Mudanza”, “El Peregrino”. La partitura de sus espectáculos configuraba los distintos lenguajes expresados a través de pentagramas para la música, dibujos para la plástica y el texto poético que no debía faltar, pues según sus dichos, 

" Si no hay poesía el teatro no existe." 


La creación colectiva de juegos y ensayos dramáticos en torno al lenguaje escenográfico estuvo fundada en sus guiones, narraciones compuestas a partir de textos extraídos de las obras de autores clásicos, cómo por ejemplo, Lope de Vega, combinados con otros de pensadores contemporáneos cuya selección definía en base a una aguda investigación.  Su objetivo principal fue trabajar “para mayor gloria de Dios”, llevando al escenario las palabras más bellas, creando un ambiente de estudio y colaboración orientado a la búsqueda de la belleza. Buscaba textos para enriquecer al equipo de alumnos y docentes al trabajar, como en la puesta en escena de  la obra “La Visitación de Santa Isabel” (1992) de José de Anchieta. 


El Teatro de Ensayo, era espacio de experimentación teatral, donde alumnos, docentes y artistas cercanos crearon, bajo la conducción de Alice, espectáculos con una visión original de la puesta en escena. Colaboraron con este proyecto conocidos directores de teatro como Néstor Raimondi, Malena Marechal, Rodolfo Graziano y Alberto Cebollero.


La exploración de las nuevas tendencias artísticas del espectáculo en diálogo con las artes plásticas también fueron objeto de su investigación. Desde esa búsqueda produjo su espectáculo “La máquina” de 1967 presentado en la Galería Witcomb que consistía en una instalación escenográfica operada por estudiantes y actores. 


En 1985 se estrenó “Estampas de Vida y de Muerte”, o “El Peregrino”, un espectáculo con fuerte acento en los aspectos escenográficos, basado en una delicada sucesión de escenas que alternaban dos planos de realidad, uno visible y otro invisible. Ambos eran el reflejo de las especulaciones interiores del personaje protagónico, un peregrino en busca de sí mismo a través de los sucesos fragmentados de su vida. La temática respondía al perfil confesional de la USAL, la puesta reunía elementos de las experiencias escénicas de vanguardia, compuesto como un conjunto de fragmentos de vida, un discurso que alternaba lo onírico con una realidad expresada a través del lenguaje simbólico. 


Trabajó en base a la escenificación de obras literarias en Antonio Machado, Poemas y canciones, (1989), en el que compuso una acción a partir de la cual los seres creados por Machado cobraban vida para dialogar con él, y el cuento ¡Ohé, Pozo, Satélite Yapet!, de Leonardo Castellani (1996). También abordó la puesta en escena de textos de autores vinculados a las vanguardias, como el “Teatro de la Inestable Realidad” de Aldo Pellegrini (1993) y “Santa Claus” de E.E. Commings (1994). 


En 1993, la aprobación de un nuevo Plan de Estudios de la carrera de Escenografía,  llevó su programa metodológico al nivel de Licenciatura. Fue la primera carrera de Licenciatura en Artes del Teatro, otorgando Título de Grado para esta disciplina.


La Universidad del Salvador creó entonces la ESCUELA DE ARTES DEL TEATRO. En esta etapa se incorporó la enseñanza de los recursos multimediales aplicados  al diseño escenográfico. En 1993 promovió la incorporación del dictado de la carrera en el Campus Nuestra Señora del Pilar, iniciando una fructífera colaboración de docentes y alumnos en proyectos artísticos promovidos por colegios e instituciones públicas y privadas de la zona. 


Como Directora de la Escuela de Artes del Teatro, se retiró de la Universidad del Salvador en 2002, después de 44 años de dedicación incansable a la formación universitaria de escenógrafos, habiendo creado  las carreras de Licenciatura en Artes del Teatro/Escenografía,  Licenciatura en Arte y diseño Digital, Licenciatura en Arte Dramático, y carrera de Arquitectura, todas ellas fruto de su trabajo entusiasta y constante.

 


 Foto de Anne Marie Henrich- 1970

sábado, 27 de diciembre de 2008

Rodolfo Franco en el diario LA NACION de Buenos Aires


Rodolfo Franco en el diario LA NACION

LA NACION- Domingo 27 de junio de 1954

Dejó de existir Ayer el Pintor Rodolfo Franco

Hondo sentimiento de pesar suscita en los círculos artísticos y docentes el fallecimiento del pintor Rodolfo Franco, que acreditó en su fructífera existencia relevantes condiciones en la pintura, el grabado y la escenografía.
Nació el destacado artista en esta capital el 15 de febrero de 1890, demostrando desde muy temprana edad su decidida vocación. A los 20 años se trasladó a Europa, donde profundizó sus estudios en la Academia Vitti, de parís, y con el grabador Edouard Léon. Más tarde en España, estudió con Anglada Camarasa , de quien aprendió la sutileza de las gamas y la conjugación de los tonos. Viajó, después a España, encontrando en Sevilla y Mallorca frescos motivos para su inspiración. De regreso al país, pueso sus íntimos conocimientos de la materia plástica al servicio de un arte nacional: se adentró en el espíritu norteño y lo describió sagazmente en “Feria en el valle”, “Procesión” y “Abra Pampa”. Su obra fue estimada, y en 1922 su tela “Renovales” fue premiada en el Salón Nacional y en el Municipal. Participó además en numerosas exposiciones colectivas y presentó algunas individuales, destacándose como consumado colorista. Supo, además, infundir al mismo tiempo a sus telas un sentido lírico, que a veces adquirió el multiforme resplandor del esmalte. Sus cuadros “Eulalia” y “San Hermenegildo”, adquiridos por el Museo Nacional de Bellas Ares, lo mismo que “Femme en blue”, “después de la nevada” y “Feria rusa”, se singularizan por su riqueza de color y por su acentuada expresión. Su serie de aguafuertes sobre motivos sevillanos fue extensamente comentada en España, sobre todo por el vigor interpretativo de “El garrotín”, “Parador de los amoladores” y “Patio de Triana”.
En la docencia, desde sus cátedras en la Escuela de Artes Decorativas y de la Escuela Superior de Bellas Artes, alentó la vocación de numerosos artistas jóvenes, y desde la dirección escenográfica del teatro Colón cumplió una intensa labor, fundando el taller de escenografía de nuestro primer coliseo, que dirigió desde 1925 hasta 1931. Entre sus trabajos de este carácter se recuerdan “tabaré”. “Ollantay”, “Petruschka”, “El amor brujo”, “Sadko” y “Flor de Irupé”, así como también el de “Tristán e Isolda”, que efectuara para el teatro Municipal de Río de Janeiro. Fue también, durante muchos años, director escenógrafo del teatro Odeón, y contribuyó al éxito de los más celebrados conjuntos extranjeros que ocuparon ese escenario.
Entre sus pinturas murales deben citarse, igualmente, las que realizó para los Ferrocarriles del Estado, el subterráneo Chadopyf y el pabellón argentino de la Exposición de París.

Rodolfo Franco


Nota publicada en el diario LA PRENSA con motivo de su fallecimiento
27 de junio de 1954


Falleció ayer en esta Ciudad
----------------
El pintor Rodolfo Franco, que falleció ayer en esta capital, sumaba las condiciones propias del artista fino, evidenciadas en una obra de perdurable calidad, con las de un caballero cuya simpleza y cordialidad le valieron el afecto de cuantos lo trataron.
La vida entera de este pintor inteligente, de este sagaz estudioso, estuvo consagrada a la realización de una obra que hoy, cuando nuestros círculos vinculados a las actividades del espíritu deploran su desaparición, exalta su personalidad con nobles relieves.
Rodolfo Franco nació en Buenos Aires en el año 1890. Atraído desde muy joven por el arte completó su formación plástica que había iniciado en la Academia Vitti de París. También siguió en la Cuidad Luz los cursos de grabado de Edouard Léon. Cuando regresó a su patria lo hizo con un bagaje que lo destacaba entre quienes se dedicaban aquí a esas tareas sutiles. No es raro, pues que sus servicios fueran solicitados sucesivamente por importantes centros docentes, pues se conocía la eficacia de su preparación. Fue profesor en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de la entonces Ciuda de La Plata; en la Escuela de Artes Decorativas de la Nación y en la Escuela Superior de Bellas Artes, donde tuvo a su cargo la cátedra de escenografía. Paralelamente con esas funciones, que lo decoraron a lo largo de su vida con un prestigio cimentado en la solidez de sus conocimientos, Rodolfo Franco desempeñó una serie de tareas que contribuyeron a realizar su labor artística. Miembro de la Comisión Nacional de Bellas Artes de 1942 a 1945 y director escenógrafo del teatro Colón, desarrolló una obra cuya trascendencia perdurará largamente. Al frente de nuestro gran coliseo, Franco se señaló como un esteta de singular inventiva. Operas y "ballets" le deben creaciones raras y hermosas, en las que se trasunta su compenetración con los ilustres temas clásicos y con las audaces composiciones de los maestros actuales. Eso hubiera bastado para que Rodolfo Franco ganara una jerarquía espiritual innegable firmeza. Si agregamos su acción al frente de la dirección escenográfica de los teatros municipales brasileños de Río de Janeiro y San Pablo, la que cumplió en decoraciones tan sobresalientes como la del Pabellón Argentino de la Exposición de París, en 1937. Y la que, como pintor, le hizo acreedor en nuestros principales salones a altas recompensas, se comprenderá que el artista que ayer dejó de existir ocupara un puesto descollante dentro de las manifestaciones plásticas argentinas. Rodolfo Franco lo ganó merced a su calidad excepcional. Con el desaparece un maestro de ejemplar dignidad, un hombre que se entregó generosamente, plenamente, a la labor que llevaba acabo y cuyos afanes redundan en beneficio del arte de nuestro país, privado hoy, por su muerte, de un guía seguro y diestro.